Todo comenzó en una tarde fría en la playa. Lucas y un grupo de amigos intentaban mantener viva la charla, pero el clima no ayudaba. Fue en ese momento, entre el viento y la arena, donde surgió la idea: un mate que no solo fuera un recipiente, sino un motor para avivar el fuego de la conversación y la resistencia ante el entorno.
Así nació El Fogonero, como una respuesta a la necesidad de aventura sin perder nuestras raíces.